Una experiencia compartida entre la Residencia Nuestra Señora de la Merced y el Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad de Zaragoza.
La Residencia Nuestra Señora de la Merced ha acogido durante estas semanas una experiencia de encuentro intergeneracional entre residentes y estudiantes de 2.º curso del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad de Zaragoza, en el marco de las prácticas de la asignatura de Psicología del Deporte.
Durante dos sesiones de una hora, cada estudiante acompañó de forma individualizada a una persona mayor, compartiendo conversación, vivencias y actividades: sopas de letras con palabras significativas para cada persona, figuras de papiroflexia, crucigramas, refranes, dibujos y dedicatorias. También paseos aprovechando el sol, e incluso una visita al mirador con vistas a la Sierra de Guara.
Esta experiencia no es ajena al programa de la asignatura: surge directamente de uno de sus contenidos centrales, el desarrollo psicosocial a lo largo de la vida y, en particular, el estudio de la tercera edad. En ese marco, los estudiantes trabajan el concepto de envejecimiento activo de la OMS —entendido como proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y bienestar— y el constructo de soledad: cómo definirlo, cómo distinguirlo del aislamiento social, y cómo afrontarlo. Comprender todo esto no es solo contenido académico: es una competencia fundamental para cualquier profesional de las ciencias del deporte que trabaje con personas mayores. Y esa comprensión no se termina de construir en el aula. Se construye también aquí, sentándose frente a alguien, escuchando su historia, y descubriendo que cuando una persona joven y una persona mayor se sientan a escucharse de verdad, ambas aprenden, ambas crecen, y ambas se llevan algo que ningún examen puede medir.
Al final de la última sesión, todos quisieron salir juntos en la foto: estudiantes, residentes y staff, con los "productos" de la mañana en las manos.
El grupo del miércoles también cerró su última sesión con una foto conjunta: la misma calidez, el mismo vínculo construido sesión a sesión.
Estudiante y persona mayor en silla de ruedas dibujando con pinturas de colores. La concentración y la sonrisa de ambas lo decían todo.
Colorear una mandala juntos: un ejercicio de atención y presencia que convierte el silencio compartido en complicidad.
Estudiante y persona mayor concentrados encajando parejas de cartas sobre una mesa. Un juego sencillo que se convirtió en complicidad pura.
Pintar con acuarelas se convirtió en un espacio de conversación pausada, donde el color y la palabra fluyeron al mismo ritmo.
Jorge diseñó un crucigrama personalizado para Charo, con palabras significativas de su propia historia de vida.
Completar refranes abrió la puerta a recuerdos y risas. Una actividad sencilla que reveló toda la riqueza de las historias guardadas en la memoria.
Papiroflexia, refranes, dibujos, dedicatorias... cada pareja encontró su propio lenguaje para conectar.
Sentarse frente a alguien y escuchar su historia. A veces la actividad más importante no tiene nombre, solo tiene tiempo y atención.
Pinturas de colores sobre papel, y dos personas eligiendo juntas qué pintar. Un gesto pequeño con una carga enorme de presencia.
Irene (residente) e Irene (estudiante) tocaron juntas una pieza en la capilla, acompañadas por Charo. Uno de los momentos más emotivos de la experiencia.
Diego y Charo encontraron en el piano su propio momento de conexión. Un instante que nadie había previsto y que todos recordarán.
Izarbe preparó una actividad inesperada: trabajar el ritmo y la coordinación para bailar juntos. Mayores y estudiantes formaron una rueda-cadeneta que nadie quería que terminase.
Con energía y claridad, Izarbe fue marcando el ritmo y guiando a todo el grupo hacia algo que nadie esperaba: moverse juntos.
Manos enlazadas, pasos compartidos. La rueda-cadeneta reunió a mayores y jóvenes en un mismo movimiento, en un mismo instante.
En la rueda, no había mayores ni jóvenes. Solo personas moviéndose al mismo compás, con la misma sonrisa.
En la capilla de la residencia, Charo interpretó una pieza que emocionó a todos. A continuación lo hizo Irene, estudiante. Y finalmente, Irene e Irene tocaron juntas. Un instante que resumió con música todo lo que estas prácticas representan.
Residencia Nuestra Señora de la Merced, Huesca · Marzo 2026
En el salón de la residencia, Diego se sentó al piano junto a Charo. Primero ella, después él, y después los dos juntos. Otro instante que nadie había previsto en el guion y que todos se llevaron para siempre.
Residencia Nuestra Señora de la Merced, Huesca · Marzo 2026
"Entré pensando que iba a ayudar a alguien. Salí habiendo recibido mucho más de lo que di."
"Nunca había hablado con nadie con esa tranquilidad, sin prisa. Es algo que no te enseñan en clase."
"La encontré muy cansada, diciéndome que estaba cansada de vivir. Terminamos hablando de nuestras cosas, y al final me pidió estar con todos en la foto. Fue especial compartir con ella este cambio."
"Me contó cómo fue su niñez durante la guerra, y cómo fue sacando adelante a su familia ella sola. Una historia de vida impactante que no olvidaré."
"Me di cuenta de que la empatía no se explica: se practica. Y hoy la practiqué de verdad."
"Cuando vi que le brillaban los ojos al encontrar su nombre en la sopa de letras, me emocioné, sentí algo muy especial."